Existen franquicias que terminan y tienen la decencia de permanecer así, inamovibles, intocables, congeladas permanentemente en la historia y en los recuerdos de quienes las disfrutaron en su momento. Sin reboots, sin remakes, estas producciones suelen formar parte de las colecciones más queridas de aquellos cinefilos que, de vez en cuando, desempolvan sus colecciones para darles una nueva visita a esos personajes que, para ellos, jamás serán olvidados. Pero también existen aquellas cintas cuyos productores/ directores ven futuro con dos o más historias que, en su mente, sienten que merecen ser contadas. Sin importar que las historias sean flojas o los chistes desgastados, al parecer lo único que importa es generar dinero. Y siento que Men in Black 3 es uno de esos casos.
Los agentes K y J han trabajado juntos por más de 10 años. Juntos han brindado justicia y discreción dentro de la organización que se encarga de mantener escondidas a las actividades de extraterrestres en nuestro planeta. Pero esta vez un ser llamado Boris ha escapado de su celda en la luna y planea viajar en el tiempo para, a) matar al agente K, así como evitar que le corte un brazo, b) realizar una serie de asesinatos que le permitan asegurar una futura y letal invasión al planeta tierra. Mientras tanto, la relación entre ambos agentes comienza a tensarse y, cuando K desaparece misteriosamente, J comienza una investigación que tendrá que continuar a mediados del siglo pasado pues, al parecer, el vilano ha tenido éxito en su misión.
Por un lado, ver de nuevo la química que tienen en pantalla Will Smith y Tommy Lee Jones es algo único y agradable. Pocas "parejas disparejas" en el cine tienen ese "swing", ese ritmo y cooperación voluntaria-involuntaria para el humor. Tal y como ocurrió con Murtaugh y Riggs de la saga Lethal Weapon, estos dos personajes se convirtieron en la columna vertebral de la saga que, aunque son varios baches en su camino, se han consagrado dentro del ámbito de la ciencia ficción cinematográfica. Y el que Joss Brolin entre al quite como un joven y rudo agente K le da un toque diferente a la historia (y, además, que participe en la dinámica de una forma impecable, al imitar perfectamente las formas y modos de Tommy Lee Jones).
Por ello sorprende que sea ésta relación el hilo conductor de la tercera parte de la saga, en donde se explora un poco más la historia de ambos personajes desde un punto de vista más personal. El director, Barry Sonnenfield, supo cómo incluir clichés clásicos del género e incluirlos de forma entendible para la audiencia sin mucho problema, ya que, en parte, el humor y la ironía siempre está presente y ayuda al ritmo de la historia.
De igual manera y como era de esperarse, en el plano de los efectos especiales no hay mucho que mencionar salvo que cumplen con el cometido. Se ven bien y el 3D no estorba, aunque tampoco inventan el hilo negro. Salvo dos que tres secuencias descaradamente hechas con CGI, la película es impecable en cuanto a su estética.
Pero los problemas comienzan cuando los personajes secundarios-terciarios jamás terminan de cuajar. Desde la agente O, interpretada de forma genial por Emma Thompson y Alice Eve, no ofrece nada nuevo. Igual ocurre con Nicole Scherzinger, quien su participación en la cinta es tan pequeña como olvidable, al igual que los famosos cameos de personalidades que no igualan en absoluto la increíble y divertida participación del mismo Michael Jackson en la segunda entrega de los hombres de negro.
Pero lo más grave es que el villano, interpretado por Jemaine Clement, jamás se eleva al nivel de los antagonistas anteriores. Su peligrosidad (pues es tan peligroso que le tuvieron que construir una cárcel especial en la luna), jamás se explica, jamás se entiende y jamás pesa en la historia. Según los diálogos de dos o tres personajes, su raza es una de las más peligrosas de la galaxia, pero no parece nada más que un motociclista con mala actitud. Atrás quedaron los estupendos trabajos de Vincent D´Onofrio o la excelente interpretación de Lara Flynn Boyle.
Y, con todo y que la historia nos revela un poco más de la historia entre los dos protagonistas, la cinta no se siente tan fuerte como aquella con la que iniciara todo. No es peor que la 2da parte, pero los villanos jamás hacen clic con la audiencia, los efectos no sorprenden y la dirección no es de "otro mundo". La oportunidad de seguir la tradición de las cintas anteriores fueron eliminadas por la necesidad de incluir a artistas "de moda" que no terminan de cuajar y la poca participación de Lee Jones hace que esta cinta se sienta como cualquier otra cinta de ciencia ficción, pero jamás, jamás, como aquella primera parte de Men in Black.


















