La reinvención y adaptación al cine que realizara J.J. Abrams de Star Trek durante el 2009 no sólo convenció a los fans de la serie de culto, sino que abrió el universo creado por Gene Roddenbery a una nueva generación de fanáticos y admiradores de todas las edades. Posteriormente, el director/ escritor/ productor de cine y TV continuó con su buena racha con diversas producciones, como Super 8, Person of Interest y Revolution, éstas dos últimas para televisión. Así pasaron los años y se sabía muy poco de una posible secuela del éxito de culto que habría de revivir la fiebre por los viajes espaciales de nueva cuenta. Fue hasta mediados del 2011 que se anunciaba oficialmente la pre-producción de una nueva aventura para el capitán Kirk y su tripulación, la cual estuvo plagada de rumores e información dudosa durante todo el proceso de filmación, algo común en las filmaciones de Abrams, pues si de algo gusta este director es de guardar detalles clave de la trama y de sorprender al espectador.
La tripulación del Enterprise han viajado durante un año a varios rincones de la galaxia, hasta que un atentado llama la atención de la Federación. Al parecer, un agente renegado les ha declarado la guerra, por lo que Kirk, Spock y el resto de la tripulación deben viajar hasta una zona prohibida y encontrar a este terrorista. En el camino descubrirán que no todo es lo que parece y que el atacante, sólo conocido como John Harrison, podría ser algo más que un soldado rebelde.
Como se mencionó con anterioridad, Abrams gusta de filmar sin que los detalles sean conocidos por el público. Algo prácticamente imposible en la era de las comunicaciones digitales, teléfonos inteligentes, tabletas y demás aparatos que pueden tomar una imagen y compartirla con millones de ojos curiosos en tan sólo unos minutos. Aún así, El director no sólo se toma el tiempo para pensar en los planes de mkt de su película, sino que también gusta de jugar con la percepción de la audiencia, así como con los fanáticos más conocedores de la saga, pues deja que los rumores corran y no dudaría ni un segundo en que algunos de ellos son creados desde la misma mesa de producción.
Claro que todos estos dimes y diretes no hacen más que crecer las expectativas con respecto a la película. Si éstas sorprenden o decepcionan durante su proyección, ya es culpa de quien se hizo ilusiones. Lo cierto es que Abrams es un genio audiovisual quien sabe que la emoción de ver una cinta comienza justo al momento del primer claquetazo, tanto para el equipo de producción como para los fanáticos del cine (y de la ciencia ficción, en este caso).
El cast completo de la primera parte regresa para esta perfecta secuela que no sólo se mantiene a la altura de la primera, sino que la supera en ciertos puntos, como el de ofrecer una historia fresca y relevante con personajes ya conocidos por millones de personas. Gracias a la paradoja temporal explorada en la primera cinta, es posible para el equipo de escritores (Lindeloff, Orci, Kurtzman) tomar y modificar acciones que ocurrieron en la serie clásica y repensarlos para una nueva generación, sin dejar de pensar en toda esa nueva audiencia que no gustan de Star Trek pero que son amantes del género.
De esta forma, vemos que, de nueva cuenta, la relación Kirk-Spock presenta los cimientos en donde se construye la trama, misma que está llena de vueltas de tuerca y que, para fortuna del director, jamás se escaparon del estudio de filmación. Aunque, al conocer los modos de Abrams, es de esperarse que personajes nuevos tengan mayor presencia e importancia dentro de la cinta y, lamentablemente, ofrezcan pistas sobre los sucesos que más tarde tendrán lugar en la historia. Lo que es lo mismo, la película se vuelve predecible demasiado temprano en la trama.
Pero esto queda superado debido a la excelente química que muestra todo el elenco, sumado al uso magistral de efectos CGI que se notan naturales y para nada exagerados. A ello se le suma una cantidad justa de humor y listo. Asimismo, el que Peter Weller y Benedict Cumberbatch se hayan sumado al proyecto con personajes tan importantes es algo que los fans del sci fi y de la saga agradecerán por varios años. Star Trek Into Darkness es un título adecuado para la cinta, no por que la cinta sea más oscura que la primera o por que su trama se tambalee entre la acción y el terror, sino todo lo contrario.
Habiéndola visto tanto en IMAX 3D y en una sala convencional, no cabe duda que la versión IMAX es mejor en prácticamente todo: video, audio e incluso el 3D es, por momentos, sorprendente.
Con secuencias dinámicas y elementos visuales impresionantes, grandes actuaciones y excelente música, la película es una digna sucesora al éxito del 2009 y sólo levanta dos interrogantes: ¿Quién será el director encargado de dirigir la tercera parte? y ¿Qué espera J.J. Abrams para comenzar la pre-producción del tan esperado Star Wars: Episode VII? Nos urge Abrams, nos urge.

















