Universal Studios se suma a la inercia del cine animado -el cual ha estado a la alza durante este año- y presenta una de sus más ambiciosas e ingeniosas producciones en este rubro. Y, debo decirlo, es un movimiento arriesgado por parte de la firma, ya que con el trancazo emocional de Toy Story 3 de Disney y la sorpresa animada de How to train your dragon de Dreamworks, 2010 ha tenido una cuota alta y bastante redituable, por lo que una cinta más dirigida hacia un público meramente infantil de un estudio que no tiene experiencia en el rubro digital pudiera ser una mala idea. Pero, para ser sinceros, la fórmula usada en esta cinta es, de cierto modo, refrescante.
Gru es una persona que creció con el desapego emocional de su madre, por lo que no importa qué tanto hiciera, jamás recibió una palabra de aliento-apoyo-aceptación de ella. Por eso creció como un ser lleno de indiferencia y rencor hacia las relaciones humanas y se tornó a sí mismo un villano, listo para hacerle la vida imposible al resto de las personas. Pero cuando debe involucrar en sus procesos a un trío de niñas huérfanas comienza a descubrir que tiene un lado humano del que no puede (o no quiere) apartarse. Serán ellas quienes le den una oportunidad de redimirse y encontrar esa familia que desde hace mucho tiempo pensó que no necesitaba.
Lo primero que llama la atención de esta cinta es que fue terminada en un lapso de tres años, tiempo relativamente pequeño para una película que requiere procesos digitales y de producción muy elaborados. Aún así, técnicamente cumple con entregar un mundo que, si bien no cuenta con tanto detalle como los mostrados en otras cintas, cumple para esta cinta. Asimismo, el diseño de los personajes es agradable a la vista.
Pero es el enfoque en el protagonista lo interesante en la trama, puesto que no es el clásico héroe, ni siquiera un anti-héroe, sino un villano en toda la extensión de la palabra. Esto rompe con la historia clásica de las cintas infantiles y ofrece una visión poco convencional que podría generar un nuevo estilo de hacer cintas para niños. Ya basta de héroes plásticos y y cuadrados que dependen del mal que rodea a la sociedad, ya era hora de una historia que envuelve las profundas motivaciones de aquellos que actúan fuera de la ley y no temen romperla cuantas veces sea necesario. Esto no es una excusa para cometer delitos, sino una oportunidad para explicar a los infantes que no todo en la vida es en blanco y negro.
Y este es el mensaje que importa de Despicable me, que aún la mente criminal más peligrosa del mundo guarda sentimientos y deseos más humanos que cualquiera se pueda imaginar, además de una contundente lección familiar. Y, para entregar el mensaje de manera correcta, era necesario que los actores de doblaje lograran respetar y transmitir el corazón del filme. Y dieron en el clavo al pedirle al cómico mexicano Andrés Bustamante que se encargara de darle vida a Gru para el público mexicano, ya que no sólo nos remonta a dos que tres de sus más memorables personajes, sino que otorga cierta esencia familiar al villano, por lo que es imposible no sentirse identificado con él. Sumado a él se encuentra Alex Sintek, quien sorprende al prestar su personalidad para el némesis malvado del protagonista, Vector (porque incluso entre villanos se pelean).
Despicable me no es una animación que reinventará el concepto de cine por computadora, pero sí dio comienzo a una nueva forma de presentar ejemplos heróicos a una generación que ya está saturada del héroe convencional. Además, ingeniaron dos que tres personajes que serán memorables por muchos años, entre ellos, los minions. Es, en resume, una buena experiencia que enseña que el ser padre no sólo un sentimiento que nace, sino que también se hace.

















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