viernes, 23 de julio de 2010

Inception (El Origen, 2010)

No existe quien detenga a Christopher Nolan. Desde sus primeras cintas ha dado prueba, cinta tras cinta, que es uno de los mejores cineastas de nuestros tiempos. Tomó la franquicia de Batman, la reimaginó y la convirtió en la mejor saga fílmica de su género y de otros también. No conforme con eso, su mente inquieta se encuentra siempre en continuo movimiento, con ideas que tarde o temprano terminan proyectadas en una sala de cine. Y su último ejercicio fílmico no desmerece, al contrario. Tan visualmente poderosa como compleja en el plano argumental, el cineasta da clases de originalidad y contundencia con Inception

Cobb se especializa en una nueva rama del espionaje industrial. Su labor involucra adentrarse en el subconsciente de su víctima para robarse sus ideas, literalmente, en sus sueños. Al ser el mejor en su trabajo, es requerido por un hombre muy poderoso, quien promete darle lo que él más desea a cambio de que implante una idea en la mente de otra persona. Sabe que su especialidad es tomar las ideas, no sembrarlas o generarlas, por lo que el reto se antoja imposible, pero la recompensa sería inimaginable. 

Cada mente es un mundo y en Inception ese concepto se queda corto. Nolan y su equipo estudiaron el concepto de lo onírico y lo llevaron a un nivel en donde, prácticamente, lo ofrecen como un producto cualquiera, una experiencia que todos pueden tener si pagan lo necesario. La tecnología ha alcanzado tal nivel que es posible compartir un sueño entre varias personas, lo cual hace la experiencia más rica y disfrutble, así como más peligrosa, ya que la realidad se confunde con la realidad de la mente inconsciente. 

Explicar al reino de Morfeo es complicado y cae más en el terreno de la teoría que de la práctica, por lo que se aplaude que en Inception no sólo lo explican de tal manera que no se siente como si el público fuera tachado de ignorante, sino que se atreven a hacerlo más complejo al incluir sueños dentro de los sueños, con lo que generan niveles que tienen su propio tiempo y espacio. Suena complicado, pero necesario para comprender el mensaje que Nolan nos da al final de la misma. 

Así como en Matrix, la materia prima de la trama se basa en la misma pregunta, "¿Qué es real?", pero el contexto en Inception es mucho más profundo y humano que la guerra futurista de la saga cyberpnk. Para ello, el director se rodeo de histriones que hacen un trabajo sobresaliente, con todo y que varios de ellos ya son asiduos clientes de sus producciones. Destaca la labor de DiCaprio, quien hace mucho dejó de ser un niño bonito y es, desde entonces, sinónimo de calidad fílmica. De igual manera, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Ken Watanabe y Marion Cotillard forman una parte indispensable de este rompecabezas onírico que se antoja de ensueño. 

Si bien la cinta no es perfecta y falla dentro de los propios preceptos de la ciencia y de la ciencia ficción (jamás explican cómo es que es posible compartir un sueño), Inception es una cinta redonda y contundente, cuya oferta emocional es proporcional a su calidad visual, conceptual y argumental. Es una obra maestra que será objeto de estudio, así como de culto inmediato por parte del público en general. Gran historia que resalta en un año tan lleno de historias anteriormente relatadas. 
 

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