miércoles, 4 de agosto de 2010

Shaun of the dead (El desesperar de los muertos, 2004)

Edgar Wright se ha hecho de cierto renombre en la industria del cine, ya que cimentó su carrera después de un largo camino en la hechura televisiva. Fue durante su periodo como director en televisión cuando conoció a Simon Pegg, con quien ha hecho mancuerna en varios de sus proyectos más exitosos. Entre sus colaboraciones más memorables se encuentra Spaced, en donde comenzó a mostrarse el estilo del director, quien con movimientos de cámaras y conceptos propios de otros géneros, iniciaba así su leyenda como uno de los visionarios de la ciencia ficción en la industria. Wright entonces trasladó su experiencia a la gran pantalla, en donde usó su peculiar estilo con una comedia romántica poco convencional, Shaun of the dead. 

Shaun es un treintañero británico cuya vida rutinaria sólo es llevadera gracias a la compañía de su novia, Liz. Junto a su mejor amigo Ed, vive en los suburbios y trabaja en una tienda de electrodomésticos, sin esperar nada de la vida y sin otorgar nada a cambio. Sin embargo, Liz se aburre del constante descuido de su pareja respecto a su relación, por lo que decide terminar su noviazgo, lo cual sume a Shaun en una borrachera en plena semana laboral. Pero esto este conflicto sentimental es sólo el inicio de una aventura más grande, ya que una horda de zombies se ha apoderado de la ciudad, por lo que el protagonista debe buscar a sus seres queridos (y no tan queridos) para ponerlos a salvo. Es así como intentará redimirse frente a su novia y, se paso, sobrevivir al holocausto. 

Desde el mismo póster de la cinta se lee la leyenda "una historia de amor, con zombies" y así es. De una forma inteligente e, incluso simple, el director logra combinar dos géneros que poco o nada tienen que ver, la comedia romántica -al puro estilo inglés, claro está-, con el género clásico de terror creado por George A. Romero. De tal forma que la historia central está cimentada con una trama meramente común, mientras que el contexto de la misma se encuentra delimitada por la ficción y situaciones que, aunque incoherentes y fuera de contexto, funcionan gracias al toque cómico inherente de la película. El humor inglés es mucho más sutil que el norteamericano, el cual ha explotado la técnica del "pastelazo" al hartazgo. Como curiosidad, es excelente ver a Coldplay planear un supuesto ZombAid con ayuda de otros artistas ingleses. 

En el ámbito de la actuación, sobresale de nuevo la mancuerna hecha entre Simon Pegg y Nic Frost, quienes después de trabajar juntos en Spaced (dirigidos también por Wright) son una de las parejas cómicas más sólidas en la pantalla grande. Asimismo, aunque con participaciones más pequeñas, se puede apreciar también el trabajo de otros actores ingleses como Bill Nighy y Martin Freeman, quienes también han consolidados sus carreras dentro y fuera de Inglaterra. 

En cuanto a la producción es más que obvio que el presupuesto no fue millonario, pero ni lo necesita. De hecho, la cinta se siente austera en su totalidad. El mismo estilo de la cinta y la manera en la que es contada ayuda a que las tomas sean íntimas entre los personajes principales, por lo que nunca hacen falta paneos amplios que muestren un poblado destruido (de hecho, sería una secuencia innecesaria).

Shaun of the dead es, sin más, una excelente comedia que no busca reinventar el género, pero sí otorgar un homenaje a todas esas cintas de terror de serie B que abrieron el camino a cientos de producciones a través de los años. Asimismo, demuestra el talento de un director quien no se conforma con relatar historias planas, sino que siempre encuentra la manera de producir películas que se sale de lo convencional y que crean su propio culto de seguidores en todo el mundo. 
 

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