miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Infierno (2010)

Son muchas las características que distinguen al mexicano del resto del mundo. Nuestra pasión por las fiestas, el ser universalmente sociables, la eterna doble moral, entre muchas otras más. Pero el cinismo, ese que nos permite reír aún en la peor de las circunstancias, es como una especie de "don" que nos permite seguir con nuestras vidas con una sonrisa en nuestros rostros, a sabiendas de que, en realidad, no hay motivo para estar feliz. Ese desapego con la realidad, con el dolor ajeno, con lo que ocurre a unos cuantos kilómetros de nuestros hogares se ha vuelto el pan de cada día en un país en donde todos los días se comete un crimen, sobre todo uno relacionado con el narco. Este es el sentimiento que predomina al ver la más reciente cinta de Luis Estrada, El Infierno. 

Tras 20 años de probar suerte en los Estados Unidos, el Beny regresa a su pueblo natal, el cual se ha convertido en una cuna de matones y capos de la droga. Sin un peso en su bolsa, hará lo que sea para hacerse de dinero y así obtener las riquezas que le fueron negadas en el otro lado, por lo que acepta un trabajo dentro de la organización denominada como Los Reyes, quienes dominan el bajo mundo norteño y se encuentran en una guerra eterna con el bando enemigo. Dentro de ese mundo, el Beny descubrirá que su sueños se encuentran al alcance de una bala, en un pueblo en donde la ley se vende al mejor postor y el honor es inexistente. Sólo existe la ley del más fuerte. 

Entre críticas y supuestas censuras, la tercera obra de Luis Estrada (La ley de Herodes y Un mundo maravilloso) presenta una historia cruda, directa y llena de "indirectas" a varias situaciones y momentos que han dado sabor al más reciente sexenio. El director no se tienta el corazón en mostrar gráficamente momentos que sin duda serán incómodos para todo tipo de personas, ya sea por lo impactante de sus imágenes o por quienes aparezcan en ellas (ojo con la secuencia de los cuadros en la sala del narco mayor). Estrada eliminó los "secretos a voces" y toma al toro por los cuernos al poner en pantalla lo que a otros les daría pavor sólo mencionar, sobre todo cuando la cinta es una de las embajadoras del bicentenario de México. 

Pero el cine no se trata de ver quién es más atrevido o más temerario, sino de contar una historia completa y que ésta cumpla con las expectativas. El Infierno lo hace, al entregar una trama que, con todo y sus altibajos, logra llegar a buen puerto al final, gracias a la pericia en las interpretaciones de Demián Alcazar y Joaquín Cosío (el Cochiloco), cuya química es inmejorable. A ellos se les suma un reparto del eterno grupo de actores secundarios que, aunque no brillan con la misma intensidad, hacen bien su trabajo. 

Aunque podría pensarse que la historia está sesgada y la crítica sólo se centra en el gobierno actual y su "guerra contra el narco", la verdad es que es una tragicomedia que no deja a nadie bien parado. Desde la familia, la sociedad misma y los ámbitos políticos y de seguridad pública, es complicado no sentirse identificado con cualquiera de los personajes o, en su defecto, verse reflejado en alguna de las situaciones, por cómicas y sangrientas que éstas sean. Sin duda, un gran logro del director, quien nos dice que si México está mal, es responsabilidad de todos sacarlo del hoyo. 

Para el resto del mundo ésta será una película que sólo afirma la imagen de un país en donde el crimen predomina y el estado es fallido, pero para quienes vivimos en él es una historia que no peca, sino que incomoda, porque es tan verdadera que duele, y duele tanto, que no nos queda de otra más que usar el "don" del cinismo y reír con las desventuras de un par de narcos pero, al mismo tiempo, nos invita a preguntarnos "¿Hasta cuándo...?". Excelente producción digna de estrenarse en pleno año del bicentenario. 
 

Cintas más recientes