El proyecto Bicentenario en el cine nos ha entregado visiones realistas y románticas de todos los acontecimientos que forman esta celebración nacional. El Infierno nos muestra el sangriento e irónico presente, mientras que Chicogrande es un homenaje a todos esos héroes anónimos forman al pueblo desde hace 100 años, o El Atentado, cuya trama se enfoca en los estratos sociales y las motivaciones detrás de uno de los sucesos más callados en la historia de nuestro país. Ahora, toca el turno de una cinta que, aunque modesta en su presupuesto, no lo es en sus ambiciones e impacto hacia la sociedad, pues le da una oportunidad a la gente de imaginar a un ser mitificado e intocable como un hombre más, atormentado por sus errores, perseguido por sus pasiones y enjuiciado por seguir sus principios.
El cura Hidalgo, en pleno proceso que antecede su inminente fusilamiento, recuerda en la soledad de su prisión los años más felices de su vida, cuando fue Rector de la universidad y tiempo después fue exiliado en San Felipe Torres Mochas, donde recobró su amor por el teatro y conoció a una de sus mujeres, así como afianzó su deseo de libertad e igualdad para todos, sin la importancia que el título nobiliario le diera a las personas. Es así como se perfila el hombre que, años después, llamara al pueblo a las armas y moriría apresado por aquellos a quienes combatió.
Lo más importante en un proyecto que intenta invitar al espectador a dejar a un lado sus ideas preconcebidas y abrir su mente a nuevas posibilidades es que las acciones supuestamente desconocidas sean coherentes con el héroe que todos conocemos. Y así son, desde un punto de vista más abierto y crítico, Antonio Serrano consigue darle a este Hidalgo el porte del héroe de monografías, pero con una frescura y principios que invitan a reimaginar el mito que es el padre de la patria.
El resto de los personajes, incluido Josefa Quintana, interés romántico del protagonista, sólo funcionan como contexto cultural del personaje principal, por lo que no encuentran la misma fuerza y relevancia en la trama, lo cual le resta en su desempeño. Si bien las actuaciones de todos son excelentes y sirven como contexto para Hidalgo y el público, la mayor parte de las veces no sirven más que para ser escapes cómicos o de mero relleno. Es una pena que no se haya explotado más la relación entre el señor Quintana e Hidalgo, quienes comparten algo más que el gusto por las artes teatrales. Asimismo, en su afán de darle dinamísmo a la cinta, la edición deteriora el proceso del storytelling. Éste no encuentra el ritmo adecuado y rompe las inercias de secuencias que estaban por crecer en cuanto a la intensidad dramática.
Originalmente la cinta se llamaría Hidalgo-Moliere, ya que es la obra de este autor francés la que inspira a un grupo de bohemios a montar la obra de El Tartufo, junto con el padre Hidalgo. El nombre cambió a fin de hacerlo más atractivo para el público en general, lo cual puede llevar a un debate largo. Parece que la treta de mercadeo funcionó, pero le dio al traste con el propósito original del guión escrito por Leo Mendoza, en el cual, Hidalgo se refleja en el satírico personaje y es entonces que comienza la verdadera lucha del héroe por encontrar su destino y, al mismo tiempo, a sí mismo.
Como cinta del Bicentenario, Hidalgo, la historia jamás contada cumple con el propósito de invitar a la gente a pensar en el padre de la patria como un ser humano que amaba, sufría, pensaba y sentía que, para que el país progresara, la libertad no era sólo una palabra, sino una necesidad, sobre todo para los relegados, los que menos tenían. Pudo ser mejor, si, pero para ser una producción atropellada, tanto en el presupuesto como en el tiempo de filmación, se obtuvo un producto impecable en la producción, así como una oportunidad para el público de eliminar ideas preconcebidas respecto a los motivos que dieron inicio a la independencia del país.

















1 comentarios:
Oye Israel, acabo de ver "El escritor fantasma" de Roman Polaski. Hiciste algun comentario o crìtica? Yo soy admirador de las peliculas de Roman Polansky. Tu Tio Pablo
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