Eras alguien cuyo nombre era sinónimo de visionario, ahora sólo eres una sombra de ti mismo. Un director cuya carrera comenzó con el pié derecho. No sólo se te conoce por dirigir, sino por escribir tus propias historias, y fue con una de ellas te mereciste el respeto y admiración del mundo entero, al combinar terror, suspenso y una vuelta de tuerca inesperada en una producción de culto para miles de personas amantes del género. Tu creciente carrera y visión cinematográfica te colocan de nuevo en la hechura de una cinta con una temática con el mismo tinte oscuro, pero mucho más esperanzadora y, de nuevo, tu sello vuelve a sorprender. Es hasta que tu estampa se vuelve una tradición en tu fórmula audiovisual que tu nombre comienza a ser sinónimo de tedio y, tus películas, pecan de predecibles. Entonces, cintas más recientes son un intento de revivir tus años de gloria. Te arriesgas y tomas la decisión de dirigir una historia que no es de tu autoría y, además, es la adaptación de una serie animada norteamericana que ya cosechó sus éxitos en la TV. Eres M. Night Shyamalan y The Last Airbender es tu oportunidad de callarle la boca al mundo entero.
El mundo, que es habitado por cuatro naciones, ha sucumbido ante la poderosa nación del Fuego. Los otros pueblos, representados por los otros tres elementos (Tierra, Agua y Viento), viven bajo su yugo, temerosos de sus represalias y de sus habilidades para manipular el fuego. Por su parte, la raza gobernante decide el futuro del mundo mientras espera el regreso profetizado de un hombre cuya habilidad de controlar los cuatro elementos uniría a toda la humanidad bajo un sólo estandarte y, por consiguiente, eliminaría a los tiranos. Al temer que la profecía se volviera verdad, comienza una búsqueda por todo el planeta, subyugando a todo aquél que pudiera ser una amenaza para el gobierno. Y es en un pequeño poblado del sur en donde las acciones inocentes de dos hermanos despiertan al último maestro del aire, último de su raza y en quien recaerá la responsabilidad de liderar la rebelión.
De origen, la historia en si es maravillosa. El que los humanos, o casi todos, puedan dominar, manipular o incluso crear alguno de los cuatro elementos y que de ello se derive su sociedad, es de esperarse en la misma naturaleza humana. Y, el que la raza que manipula el fuego, el elemento de la pasión, de la furia, de la fuerza, sea la que se declara en contra de sus otros tres, también era previsible y casi inevitable. Semiótica, significado y significante, tu conducta y tu destino será marcado por el elemento que te define, que te da una razón de existir. Obviamente, el fuego quema, destruye y consume todo a su paso. Por ello, es tarea del resto de los elementos o personajes que los representan, dejar la pasividad y ponerle un alto al deseo de conquista y dominación. Hasta ahí la historia tiene coherencia y sentido.
Obviamente me refiero a la serie animada, ya que tanto ésta como la cinta comparten la misma premisa y respetan los lugares que desempeñan todos y cada uno de los personajes involucrados en ella. Sólo que es la adaptación de Shyamalan la que tiene más errores que aciertos, no en el ámbito técnico y mucho menos en el actoral, ya que en ambos el despliegue de efectos son impresionantes, mientras que el trabajo interpretativo se encuentra a la altura del género por parte de los actores.
El problema comienza casi inmediatamente, ya que el director no logra otorgarle ritmo a la historia, a la par que condensa datos e información de una manera tan vertiginosa que es caótica, incluso pareciera que pierde todo orden y lógica. La introducción es casi inexistente, por lo que los lazos emocionales entre los personajes y el público son nulos. Esto se entiende cuando la prioridad de la producción se concentró en los efectos especiales y en las escenas de acción, ambas impecables, mientras que el resto es una suma de secuencias y coreografías que, aunque impresionan a la vista, no dan el ancho para abarcar cerca de dos horas de película.
En resumen, Shyamalan hizo un esfuerzo impresionante para alejarse de su zona de confort y aventurarse en historias que no son suyas y trasladarlas al cine, lo cual le da puntos por temerario, pero el resultado final es pobre, con todo y que la historia ya había sido aprobada por un público infantil, el cual encontrará en The Last Airbender una decente cinta de aventuras, siempre y cuando no le presten mucha atención a la historia. Depende de la taquilla el que el director realice las siguientes entregas de la saga que, de hacerlas ojalá y sacrifique la espectacularidad de la acción y los efectos especiales y nos entregue un producto completo, no una cinta a medias.

















1 comentarios:
Imperdonable...faltó el hombre de las coles.
Publicar un comentario en la entrada