viernes, 17 de septiembre de 2010

Resident Evil 4, Afterlife (Resident Evil 4, la Resurrección, 2010)

Pocas han sido las sagas inspiradas en videojuegos que han salido avantes en el séptimo arte, aún con su inmensa popularidad en el ámbito interactivo. Por ejemplo, juegos de culto como Street Fighter o Mortal Kombat, así como RPGs como Final Fantasy o beat em ups como Double Dragon, incluso Super Mario Bros., todas estas producciones estuvieron destinadas al olvido o, en el peor de los casos, al rechazo generalizado y al fracaso en taquilla. Por ello es de sorprenderse que una serie más, basada en un videojuego que al mismo tiempo fue basado en las cintas de serie B de George A. Romero, haya encontrado un nicho tan leal como lo son los fanáticos de la saga de Resident Evil. Con todo y que regresa como director Paul W.S. Anderson. 

Después de un ataque suicida en contra de una de las supuestas bases de Umbrella, Alice comienza su viaje rumbo a Arcadia, la supuesta tierra prometida en donde no existe la infección que convirtió a todo el mundo en un desolado paraje repleto de zombies. Pero, al llegar a las supuestas coordenadas lo único que encuentra es un nuevo misterio, por lo que decide emprender el rumbo hacia los Ángeles en compañía de su otrora aliada, Claire Redfield, quien perdió misteriosamente la memoria. De esta forma encontrarán a un pequeño grupo de sobrevivientes, a quienes deberán salvar si es que quieren resolver el misterio de Arcadia, un misterioso barco que se asoma entre la niebla. 

Es complicado intentar describir un producto que, desde los primeros 5 minutos, ya pinta mal. De entrada, el uso exagerado del 3D en conjunto con la famosa cámara phantom. El director usa el recurso de la cámara lenta tantas veces que no sólo cansa, sino que se vuelve insufrible, a la par de que el 3D no se siente como parte natural de la trama (cosa que sí se logró con Avatar de James Cameron). Esta es, sin duda, una muestra más de cómo los efectos especiales son el platillo principal en una cinta cuya sola existencia depende del uso de los mismos, sólo que excusa su "novedad" en el uso discriminado de una tecnología que ni es nueva ni mucho menos impresionante. 

A esto se le suma la actuación genérica de una Milla Jovovich, quien al sólo interpretar papeles de ciencia ficción similares ha perdido la credibilidad y relevancia. Parecía en un principio que lo acontecido a su personaje sería un giro interesante en la historia y en el desarrollo de su personaje, pero sólo es uno más de los cabos sueltos que deja Anderson (como ejemplo, ¿cómo es posible que, sin sus poderes y bastante herida, sea capaz de sobrevivir a un choque de un avión con una montaña?). 

Sumado a las incoherencias se encuentra la incorporación de Wentworth Miller como Chris Redfield, uno de los personajes más populares de la saga original, sólo que éste se queda corto en la cinta, ya que jamás explica a ciencia cierta cuál es su rol en la nueva historia, así como su relación con su recién reencontrada y amnésica hermana (otro cabo suelto que el director jamás cierra ni por descuido). 

Eso si, los giños hacia el videojuego y hacia la historia que dio vida a las últimas dos entregas para las consolas son interminables y, hasta cierto punto, bien ejecutados. Sobre todo los inspirados en Resident Evil 5. Quienes lo hayan jugado seguro se sentirán orgullosos de ver a dos que tres personajes retratados en la pantalla grande y, para ser sinceros, no se ven mal. Pero, de nuevo, son sólo aspectos incidentales que, si bien ayudan al desempeño de la trama, no ayudan a que la cinta sea por lo menos recordable. Al contrario. 

Jovovich ya avisó que, si los fans lo piden, habría una nueva entrega a la franquicia. Y, para ser sincero, no me sorprendería, ya que la taquilla ha respondido favorablemente, incluso mejor que en las cintas anteriores. Esto podría deberse a varios factores como el 3D o la participación de Miller (es muy popular por su personaje de Michael Scoffield). De hacerla, no le vendría mal al director cerrar la historia de manera definitiva, antes de que se convierta en una franquicia interminable e insufrible, que aproveche las modas pasajeras con el mero pretexto de entregar un producto plástico, cuya trama esté armada con calzador. ¿De qué sirve que se vea impecable, si el contenido carece de sabor?
 

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