martes, 28 de diciembre de 2010

Megamind (Megamente, 2010)

A todo súper héroe no lo definen sus poderes o habilidades especiales, sino el tipo de villanos a quienes debe combatir una y otra vez. Y, a su vez, el villano es definido por su metas, todas ellas siempre egoístas y sin pensar en el resto del mundo. Pero existen varios tipos de villanos. Por ejemplo, aquellos que hacen el mal por un bien más grande (Ozimandias de Watchmen); aquellos quienes en un ataque de ego necesitan derrotar al héroe imbatible (Lex Luthor de Superman) o simplemente los que sólo buscan poder y dominación (Norman Osborn de Spider-Man). Pero sería muy fácil estancar a Megamente en alguno de estos escaños, ya que él no es un villano cualquiera. 

La ciudad de Metrociudad tiene todo lo que una gran urbe puede pedir. Tiene grandes edificios, museos, calles pavimentadas, hasta a su propio héroe particular, Metroman, quien se encarga de mantener la seguridad de las personas que habitan en ella. Pero, para complicarle la existencia, se encuentra el villano, Megamente, quien no cederá hasta que haberse encargado del gallardo y galante héroe. Y es justamente cuando una de ellas da resultado cuando se da cuenta de que, sin un héroe a quien combatir, ser villano no tiene sentido. 

Pero vallamos por partes. Como mencioné al inicio, Megamente no es cualquier villano, o al menos, no es como los que conocemos, ya que la mayoría de ellos son motivados por pensamientos egoístas o por un ego mal enfocado, incluso por un hambre de poder que raya en la locura. El personaje de Megamente no es más que el resultado de su educación desde muy pequeño, ya que las circunstancias lo colocaron en situaciones poco ortodoxas para un niño con sus habilidades especiales -dicho sea de paso, tienen una inteligencia muy por encima de la normal-. 

Por ello resulta agradable ver cómo evoluciona la manera de pensar con respecto a un mundo sin héroes. "No me interesa matarte, tu y yo estamos destinados a bailar juntos por toda la eternidad", le dijo Joker a Batman en The Dark Knight y tiene razón. Ambos se necesitan, por muy dispar o contradictoria que resulte la idea. Al darse cuenta de que para continuar como el principal villano del mundo, Megamente necesita un héroe que lo enfrente y, por ende, intenta crear uno. 

Lo cual nos lleva al siguiente cuestionamiento. ¿Un héroe nace o se hace? Todos somos capaces de realizar acciones heroicas, pero ¿realmente queremos hacerlas? ¿Cuántos de nosotros tenemos la oportunidad de ayudar a las personas y no lo hacemos por las complicaciones que esto incluye? Todo se resumen a una decisión sencilla y compleja al mismo tiempo, hacer lo correcto. 

Todo esto y más encierra esta nueva aventura que ofrece Dreamworks que, si bien no ha pegado como era esperado, contiene varias tesis sobre la lealtad, heroísmo y éticas dignas de analizarse más a fondo. Sorprende, sobre todo, que su público principal sea el infantil, sobre todo cuando el mensaje es tan profundo y resulte complicado aún para un adulto entenderlo. 

Al ser una cinta dirigida a los niños el humor es de esperarse, con todo y que éste a veces no sea sencillo de captar -tal vez sea por la adaptación de los chistes gringos al español-. Aún así, el trabajo de doblaje es acertado y forma parte fundamental de la cinta. Sumado a un trabajo de animación visualmente impresionante (aunque no encuentra el hilo negro del CGI ni del 3D), Megamente ofrece una historia que continúa con la tendencia de humanizar a los antagonistas y mostrar que, aún por ser villanos, eso no significa que sean malos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Social Network (La red social, 2010)

Cuando tu nombre es David Fincher tienes a tus espaldas el haber sido el responsable de historias que, en su momento, definieron el rumbo del cine y sus protagonistas. Elevaste al plano de súper estrella a un Brad Pitt con Seven, convertiste en leyenda a un ascendente Edward Norton con The Fight Club, llevaste al límite los efectos especiales y el drama con The Curious Case of Benjamin Button. Tu nombre ya está escrito en piedra en la industria del cine actual. ¿Qué fue lo que viste en una historia basada en hechos reales de traición, desamor y amistades rotas? Seguramente notaste que todo eso y más rodeó la creación de una de las redes sociales más populares del mundo, titulada como Facebook. 

Mark Zuckerberg es un nerd que estudia programación y sistemas en Harvard, cuando una mezcla de situaciones sentimentales e ideas de terceros lo llevan a ingeniar un sistema de datos que después evolucionaría en lo que hoy conocemos como Facebook. Pero mientras su red social comienza a cobrar importancia dentro del internet, mientras comienzan a llegar las demandas por propiedad intelectual, así como asociaciones con personajes infames del mundo virtual, quienes ayudan al despegue económico de la plataforma y, al mismo tiempo, comienzan a tejer una red de intrigas que separa al núcleo original, en pro del dinero. 

La idea de llevar la historia de Facebook al cine no es mala, siempre y cuando ésta tuviera el drama necesario para sostener el hilo conductor por casi dos horas. A este respecto, el guionista Aaron Zorkin logra crear un escrito con diálogos mordaces -tal vez demasiado para su propio bien-, pero la edición es lo que le da el ritmo adecuado a la trama, ya que deja que el juicio que enfrenta el protagonista es la columna vertebral que le da dinamismo a la película y la mantiene con vida durante sus más de 120 minutos de duración. Queda claro que Fincher y Zorkin conocen su chamba y consiguen, al menos, tomar una historia simple y entretejerla un poco para ofrecerle al público algo más que un drama lineal. De igual manera, las actuaciones son las adecuadas para un guión tan bien escrito como éste. 

Fuera de ello, la cinta no ofrece nada nuevo. La creación de Facebook es sólo el pretexto perfecto para que la generación virtual, seamos facebookeros, twitteros y demás, abarrotemos las salas de cine para ver, una vez más, otra historia de traiciones y bajas pasiones entre amigos que se dan la espalda y llegan a la cima sólo para pelearse por el dinero. 

Sumado a esto se encuentran los mordaces diálogos entre los personajes, mismos que representan un arma de dos filos en la historia, ya que, siendo sinceros, ¿de verdad los alumnos de Harvad se expresan de esa manera? Sobre todo Mark Zuckerberg, quien es una copia casi al carbón de Sheldon Cooper de the Big Bang Theory, tan cuadrado, tan sistemático que él solo se aparta del resto de la sociedad. Puede ser que esto haya sido una exageración por parte del guionista, pero el parecido es tanto que la ironía y el timing cómico usado en la cinta se ve como una copia mal aplicada (sobre todo porque los punchlines son tan predecibles como enredados y a veces innecesarios). Además, cualquier persona versada en la web sabe la manera en la que concluyeron las demandas y, por ende, puede adivinar el final.

Encuentro curioso que el Zuckerberg original no encuentre incómoda esta cinta, ya que lo hacen quedar como un nerd herido, rencoroso, quien se deja impresionar por una versión oscura de sí mismo (aquél que ingenió Napster). De acuerdo con lo que vimos en la película, él sólo explota las habilidades del internet para que el resto de la humanidad satisfaga sus necesidades vouyeristas, sexuales, entre otras, cuando lo creó sólo para tener vigilada a aquella chica que lo mandó a volar durante sus años en la universidad. No es una imagen muy buena a mi parecer.

The Social Network podría ser el comienzo de una serie de cintas basadas en las creaciones de lo que ahora conocemos como partes fundamentales del internet -Google o Wikileaks, por ejemplo-, pero, como mencioné en un principio, estos serán meros entornos que envuelven una historia humana que, en el caso de Facebook, se resumen al berrinche de un nerd que se dejó manipular por las personas equivocadas y permitió que esto lo alejara de aquellos que lo apoyaron desde un principio. Y no es un mal producto fílmico, simplemente considero que está sobrevalorado.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Nowhere Boy (Mi nombre es John Lennon, 2009)

Un drama familiar situado en la Inglaterra de la posguerra, en donde comienza a llegar esa ola de rebeldía llamada rock and roll, vestida con crinolinas, chaquetas de cuero y peinados a la Elvis. La invasión norteamericana inicia con la música y la moda del que sería denominado el Rey del Rock, sin imaginar que éste se volvería la primera inspiración para otro músico que, años después, autonombraría a su grupo como el más popular de la historia, incluso más que el mismo Jesucristo. En efecto, un joven, pueril y rebelde John Lennon fue, a sus 17 años, un adolescente que soñaba con ser igual de popular que su ídolo norteamericano. 

John vive en los suburbios de Londres con una vida normal para un joven que comienza a encontrar aquello que le da sabor a la vida, la música. Y es gracias a ella con la que se reencuentra con su madre, una mujer liberal y llena de alegría, quien le enseña lo que significa el rock and roll, así como sus primeras lecciones con instrumentos musicales. La cercanía entre madre e hijo comienza a ser motivo de conflictos con la tía Mimi, quien se hiciera cargo de John cuando su madre lo abandonara años atrás. Sin saber dónde queda su casa, dónde quedan sus lealtades ni quienes son las personas en las que puede confiar, Lennon decide refugiarse en su música, con lo que, sin saberlo, comienza su camino para convertirse en leyenda mundial. 

El director Sam Taylor-Wood hizo su tarea. Más que enfocarse en los orígenes de los Beatles -aunque las referencias su universo son clarísimas y es un profundo homenaje a sus fans y a la banda misma - se centra en el mensaje principal de la trama, un adolescente que no se ubica en Liverpool, al mismo tiempo que las mujeres más importantes de su vida pelean por su afecto. De ahí que el título original sea Nowhere Boy (el niño que no pertenece a ningún lado). 

Mención aparte merecen todas y cada una de las actuaciones. Aaron Johnson hace a un lado su papel como nerd/ súper héroe Kick Ass y entrega una interpretación desgarradora e impactante de un adolescente John Lennon quien acaba de descubrir que la música es más que arte, sino un estilo de vida. Asimismo, Kristin Scott Thomas toma el papel de la fuerte y cuadrada tía Mimi y lo hace de una manera magistral, misma que hace contrapeso con la interpretación que Anne-Marie Duff le otorga a la madre de John, una mujer liberal, quien se deja llevar siempre por lo que siente. 

Para los fanáticos, ésta es una historia que seguro conocen de pies a cabeza, incluso la historia no es ajena a los medios audiovisuales, ya que años antes se produjo In His Life: The John Lennon Story, misma que ahonda en el mismo tema que Nowhere Boy, sólo que no alcanza la profundidad dramática ni alcanza los niveles histriónicos de la más reciente visión de los años que definieron al que sería uno de los músicos más famosos del mundo. 

La cinta se estrenó en 2009 en Inglaterra y otras partes del mundo, pero fue hasta noviembre de este año que fue proyectada en las salas de cine mexicanas. Sería curioso pensar que su estreno haya sido en una fecha cercana al aniversario de su muerte, pero México es conocido en todo el mundo como uno de los países con más fanáticos de los Beatles, por lo que sus constantes retrasos no obedecen a nada más que a la idea de su distribuidora para atinarle a una fecha que animara a todo ese público a comprar un boleto para recordar cómo nació el sueño. Y a ello se le suma el título en español, tan obvio como contrastaste, ya que la historia misma define el porqué John Lennon es un "nowhere boy". Excelente cinta, pésima idea de distribución en nuestro país.

viernes, 10 de diciembre de 2010

The American (El ocaso de un asesino, 2010)

Tu vida está ligada con el anonimato, pues nadie puede saber en donde estás o con quien estás. Cualquier ruido que escuchas levanta tus sospechas. Pero no es cualquier sentimiento de paranoia lo que sientes, ya que conoces muy bien que alguien te acecha en la oscuridad de la noche. Y con razón, pues eres un maestro en la creación de armas portátiles (aunque te presentes como un torpe con las máquinas) y un excelente asesino a sueldo. La última vez que jalaste el gatillo te viste obligado a matar a un inocente, por lo que te escondes en una pequeña villa italiana, a la mitad de la nada, siempre con un ojo sobre tu espalda. Con un encargo que parece de rutina y bajo la ley de "no hagas amistad con nadie", un evento común y corriente comienza a cambiar tu percepción de la vida, mientras la muerte te espera detrás de cada esquina. 

Anton Corbijn es más conocido por su trayectoria como fotógrafo que como cineasta, con todo y que su cinta anterior, Control, película basada en la novela escrita por la viuda de Ian Curtis, vocalista de Joy división, recibió excelentes criticas. Su estilo fotográfico, mismo que ha perfeccionado al ser el fotógrafo oficial de bandas como Depeche Mode y U2, le han dado la sensibilidad necesaria para montarse detrás de una cámara cinematográfica y hacer que el color y la textura se vuelvan parte fundamental de la trama, sin dejar de lado la historia y las interpretaciones. La suma de todo esto da como resultado The American

Y éste no pudo ser mejor. A George Clooney ya le hacía falta apartarse de comedias románticas y demostrar que es más, mucho más que una cara bonita y algo demacrada por los años. Pero son estos rastros de experiencia los que lo hacen un hit con las damas y el candidato perfecto para interpretar a un experto en armas quien huye de sus propias acciones y que encuentra -sin buscarlo- la redención. 

La trama comienza de menos a más y, de nuevo, son los pequeños detalles los que le otorgan al personaje forma y fondo, lo cual le permite al espectador crear el propio pasado de Jack/ Edward, al mismo tiempo que lo seduce la fotografía de un pueblo que parece escondido en las cordilleras italianas. Corbijn aprovecha el clima frío y sobrio, mismo que utiliza para crear una atmósfera melancólica, repleta de colores fríos que combinan con la personalidad del protagonista. Esto contrasta con otra locación en donde los colores son más vívidos y en donde comienza la transformación de este ser frío a un hombre arrepentido, con cierta alusión al paraíso terrenal, lo cual no es contradictorio, sino todo lo contrario. 

El resto del reparto está formado por actores europeos, mismo que hemos visto en series como LOST o en el propio cine italiano, lo cual ayuda a que la cinta tenga credibilidad. Si bien el peso de de toda la producción recae en Clooney, éste no lo agobia y aprovecha la inercia emocional. Reitero, la cinta comienza lento, pero todo comienza a cobrar sentido poco a poco, hasta que el final llega con una contundencia pocas veces vista en cines ultimamente. 

The American es la primera cinta de Corbijn dentro del mainstream fílmico, misma que ha recibido excelentes críticas y seguro le valdrá algunos reconocimientos de la industria y, porqué no, varias ofertas de trabajo. Hay Corbijn para rato. Lástima que el título en español, El ocaso de un asesino, sea demasiado delator en cuanto a la trama. Ésta es la única falla que encuentro de toda la producción. Por todo lo demás y citando a un amigo twittero, termina por ser un verdadero poema. 

The Chronicles of Narnia: The Vogage of the Dawn Treader (Las Crónicas de Narnia: Las travesías del viajero del alba, 2010)

Con dos cintas inspiradas en los textos de C.S. Lewis, mismas que tuvieron una cálida recepción por parte de la audiencia en general, Disney decidió no continuar con el proyecto, dejándolo a la deriva hace unos años. Curiosamente, la 20th Century Fox aún se lamía la herida que le dejó su intento por entrar al género de la fantasía con Eragon, cuando decidió retomar los deshechos de la productora rival y movió cielo, mar y tierra para hacerse de los derechos de la tercera y (al parecer) última parte de la saga fílmica de los hermanos Pevensie. Es así como llega a las salas de cine The Cronicles of Narnia: The Vogage of the Dawn Treader. 

Lucy y Edmund viven en la casa de sus tíos en Inglaterra, refugiados del conflicto bélico que envuelve a Europa en ese entonces. Desesperados por su vida monótona y por un primo que es un dolor de cabeza, añoran sus recuerdos como reyes de Narnia, mientras se preguntan si algún día regresarán. Su deseo se convierte en realidad, pero no como ellos esperan, ya que una fuerza maligna amenaza a los pobladores de Narnia, por lo que es necesario que los altos reyes se unan una vez más a Caspian, quien comanda el navió llamado Viajero del Alba. En él, viajarán hasta el fin del mundo, en donde tendrán que pasar una serie de pruebas si es que quieren triunfar en su misión. 

Para bien de FOX, las dos cintas anteriores ya habían hecho el trabajo difícil, el cual era darle un entorno a los personajes y al mundo mágico de Narnia, por lo que su tarea para esta secuela sólo consistió en ser coherentes con el look and feel de las producciones anteriores (sobre todo de la segunda), mismo que logran con un éxito sobresaliente, ya que mantiene el mismo espíritu de las películas anteriores, con el mismo elenco (al menos en los personajes principales). Asimismo, el regreso de Tilda Swinton como la Bruja Blanca, con todo y que su aparición es francamente escasa, es de agradecerse. Caso similar ocurre con dos de los anteriores protagonistas de la historia, Susan y Peter Pevensie, quienes sólo aparecen como personajes recurrentes y no tienen mucho peso en la trama. 

Reitero, 20th Century Fox tuvo una tarea muy sencilla con esta secuela, ya que su principal preocupación se concentró en enfocarse en que el guión fuera lo suficientemente fuerte para que dos de los personajes principales no se vieran en pantalla, mientras que la más reciente adquisición a la historia hiciera clic con el público. Y, con todo y que el primo Eustace es una patada en el hígado, consigue llegar con buenos resultados hacia el final de la historia (incluso se insinúa que él podría continuar la aventura, si es que hay una cuarta parte, claro está). 

Pero no todo es miel sobre ojuelas, ya que al mismo tiempo en que la trama hace lo posible por mostrarse fresca y con aventuras nuevas, recae en los mismos conflictos que, en teoría, ya habían sido superados en las cintas anteriores (celos, envidias y malentendidos). Asimismo, el ritmo es un tanto cortado, con tantos alti-bajos como la marea en donde navegan los héroes. Eso si, el barco (construido ex-profeso para la filmación) es hermoso y con tanto detalle que bien vale la pena verlo en 3D. Eso si, la tercera dimensión no le aporta nada a la cinta, es sólo un recurso para mantenerse vigente. 

Sin más que decir, The Vigage of the Dawn Treader es un cierre adecuado para el mundo mágico de Narnia. Los fans de las dos cintas anteriores no saldrán decepcionados, siempre y cuando no se claven tanto en el texto original. Para el resto del público sería una cinta más de fantasía con un enfoque muy especial hacia los niños. Nada más.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Skyline (Skyline, la invasión. 2010)

¿Qué pasa cuando dos hermanos tienen ganas de filmar una cinta de ciencia ficción, cuentan con el equipo necesario para los efectos especiales y 10 millones de dólares en los bolsillos? Pues les importa un sorbete la trama, se roban dos que tres ideas clásicas del género, ven un millón de veces Señales de M. Night Shyamalan, contratan a puro segundón para armar un cast más o menos sólido (y que no les cobre tanto), piden los permisos pertinentes para usar el edificio en donde viven para filmar ahí mismo su cinta de bajo presupuesto y se dedican a dirigir, editar, ingeniar y modificar su original propuesta, en donde naves del espacio exterior llegan a la tierra con intenciones no muy sanas. 

Jarrod y su novia Elaine viajan de Nueva York a Los Ángeles para atender la fiesta de cumpleaños de Terry, quien es un exitoso productor musical. Después de sobrevivir una accidentada fiesta, llena de encuentros, desencuentros y revelaciones, el grupo de amigos despierta con la noticia de que el planeta tierra es invadido por seres extraterrestres, los cuales al parecer no vienen en paz. Debido a ello y a su incapacidad de escapar del conjunto habitacional, se encierran en el departamento de Terry, en espera de que llegue el rescate o que la invasión termine. 

Colin y Greg Strause le hacen a todo en esta cinta. En parte la escribieron, en parte crearon el guión, en parte se encargaron de los efectos especiales. En parte, porque aunque dos cerebros estuvieron involucrados en la creación de esta invasión de bajo presupuesto, el supuesto espectáculo visual termina por ser tan pobre como la historia que se encarga de ilustrar. 

En principio, su elenco está formado por actores que han brillado en televisión como personajes terciarios, tanto en el drama como en la comedia, pero ninguno ha logrado dar el salto que consolide su carrera fuera de la TV. Esto, sumado a la poca pericia de ambos directores, hace que el drama de Jarrod y sus amigos le sea totalmente indiferente a la audiencia.

Pero esto también tiene que ver con la historia tan pobre y llena de huecos más grandes que el cañón del sumidero. Queda claro que lo que más les costó trabajo ingeniar a los dos creadores fue el trailer, ya que éste tiene más historia y más gancho que la película misma. Jamás hay una explicación, teoría o suposición de qué son estos seres, de dónde vienen. 

Puede que esto sea parte de la trama misma dejar que el espectador se haga sus propias ideas al respecto, lo cual es válido, pero cuando se detona una bomba atómica en plena ciudad de Los Ángeles, se espera ver cierta coherencia ante este hecho en las tomas siguientes, pero a los directores se les pasó cerrar ciertas tomas en donde vemos que, en efecto, la destrucción fue tan falsa como los extraterrestres que ingeniaron. 

El colmo es que la tomada de pelo no termina ahí, sino que los Strause aprovechan los últimos 10 minutos de la cinta para poner a su pareja protagonista en situaciones tan inverosímiles que causan pena ajena. Y la cereza del pastel no radica en el final, igual de descabellado que todo lo ocurrido hora y media antes, sino que ya planean la secuela de esta lastimera obra. 

Hace más de diez años a una película se le perdonaba que su trama fuera floja, siempre y cuando ofreciera un show visual que valiera el costo del boleto. Ahora, con tanto adelanto tecnológico, en donde cualquier bloguero se cree escritor y en donde cualquier twittero se cree líder de opinión, deberían existir reglas, leyes o algo que detenga a los utileros de efectos especiales que se creen directores de cine o peor, guionistas originales. No hay nada que justifique a esta pérdida de tiempo, nada.
 

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