sábado, 2 de julio de 2011

Diario de una ninfómana. (2008)

Christian Molina es un cineasta español que ha estado inmiscuido en todas las etapas de una producción cinematográfica. Ha sido técnico, camarógrafo, operador, productor, incluso actor. Su experiencia dentro de la industria lo ha dotado con las habilidades necesarias para sentarse en la silla de director en varias ocasiones, pero fue su producción estrenada durante el 2008 que llamó la atención de todo el mundo. En ella, la historia se enfoca en una mujer, quien tras descubrir el sexo, lo toma como parte integral de su vida, hasta que se convierte en el único motivante que encuentra para afrontar la vida. Este tema, aún controversial en la comunidad europea, fue causante de aplausos y criticas, así como censura en varias partes del mundo. 

Valerie es una mujer como todas las demás. Con ascendencia francesa y ojos verdes impresionantes, trabaja en una oficina normal, paga sus impuestos, tiene deudas con le banco y come tres veces al día. Su vida no sería tan diferente a la de las demás, de no ser porque es una adicta al sexo. O, en otras palabras, el sexo es la única forma en que puede interactuar con los hombres. Su vida, llena de encuentros con amigos y desconocidos por igual, llega al punto de no retorno cuando cree haber encontrado el amos, hasta que su paraíso personal se convierte en un infierno. La única solución que se le presenta podría involucrarla, de nuevo, en ese mundo de sensaciones platónicas y relaciones esporádicas, sólo que con una tarifa de por medio. 

Lo primero que destaca de esta obra es que desmitifica la imagen de la mujer que es dueña de su cuerpo y su sexualidad. El director tiene mucho cuidado en que la protagonista no quede desvirtuada como una mujer enferma y con problemas psicológicos, sino que lo maneja de tal forma que cualquier persona, incluso un hombre, puede relacionarse con ella, sus deseos carnales y aspiraciones personales. A esto se le suma la excelente e intensa interpretación que la actriz española Belén Fabra entrega como una mujer que goza de vivir diferentes experiencias sexuales. 

Si bien el guión requiere que la cinta contenga escenas de sexo bastante explícitas, también está tan bien escrito que no se siente como una película clasificación C. Al contrario, evoluciona a tal punto que cobra importancia los sentimientos de la protagonista, quien cree haber encontrado en un importante empresario la estabilidad que necesita para curarse de su adicción. Es ahí en donde los pequeños detalles delatan el porvenir de la protagonista, más no así la intensidad con la que enfrentará los retos que la vida le pone enfrente. 

Fabra realiza un trabajo excepcional, al mismo tiempo que el resto del reparto, en donde resalta una pequeña pero importante participación de la añorable actriz Geraldine Chaplin, quien interpreta a la abuela de la protagonista, quien funge como la brújula moral y sentimental de la atormentada protagonista quien le aconseja escribir sus pensamientos en una hoja, la cual evoluciona en un diario con el que Valerie relata al público su historia. 

Dada la temática que la cinta era complicado que las distribuidoras nacionales la mantuvieran más de dos semanas en carteleras mexicanas. Sumándole las pocas copias, es natural que la película pasara desapercibida en México, además de que, estoy seguro, mucha gente entró a la sala esperando encontrar una película serie B en lugar de una pieza dramática que ahonda en los sentimientos y en las relaciones interpersonales. 

Realista, minimalista, pero también cruda y esperanzadora, Diario de una ninfómana es una excelente cinta de manufactura española, cuya principal lección ahonda en la aceptación de uno mismo y en aventarse a la vida y disfrutarla a pesar de las manías o adicciones que nos rodean, tanto dentro como fuera de nuestros propios cuerpos.
 

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