Si mal no recuerdo, hace cinco años se juraba y perjuraba que la franquicia de Mission: Impossible llegaba a su fin con la tercera parte de la saga, lo cual fue una excelente decisión, ya que la fórmula ya se había gastado hasta el cansancio. Pero parece ser que el concepto le agradó a J.J. Abrams, quien dirigió la que hubiera sido el desenlace de la historia, ya que no sólo movió cielo, mar y tierra para que la historia continuara, sino que ahora funge como productor, junto con Tom Cruise, de una nueva trama de espionaje y engaños, la cual mezcla el añejo tema del conflicto entre Rusia y los Estados Unidos que, curiosamente, se mantienen vigentes hasta el día de hoy.
En esta nueva entrega, Ethan Hunt y su equipo deben encontrar a un terrorista denominado como Cobalt, quien no sólo ha robado las claves de disparo de misiles rusos que matarían millones, sino que se las ingenió para culpar al equipo M.I.F. de un ataque al Kremlin. Con la situación totalmente en su contra, limitados en recursos, personal, presupuesto y tiempo, Hunt deberá realizar circo, maroma y teatro para descubrir la identidad del terrorista, detener su intento de iniciar una guerra nuclear y limpiar su nombre, así como el de su equipo. Todo en tiempo record.
Si bien la historia es similar a la de la primera entrega (la premisa es la misma, una misión sale mal y Hunt es catalogado como traidor, por lo que debe reunir a un equipo de renegados para descubrir la identidad del traidor, antes de que éste se haga de una lista que, en las manos equivocadas, causaría una crisis internacional). En este caso, los detalles y las secuencias de acción marcan la diferencia, ya que no sólo son más espectaculares, sino que están tan bien elaboradas que hacen partícipe al espectador de todas las escenas de acción, desde una persecución por las calles de Rusia, hasta las acrobacias a rapel en el edificio más alto del mundo.
Todo gracias a la pericia de Brad Bird, director con una amplia trayectoria en la TV y el cine. Ha sido responsable de dirigir diversas producciones animadas, tales como Los Simpsons, así como de dos de las cintas más importantes de Pixar durante la década pasada, Ratatouille y The Incredibles. Es gracias a esta experiencia previa que cuenta con un manejo sutil del humor, incluso durante secuencias de tensión o peligro.
Para conseguir que la trama contara con el efecto de drama y comedia deseada, era necesario contar con el elenco perfecto que balanceara la tensión y la ironía, por lo que, en esta entrega, a Cruise se le unen Simon Pegg (conocidísimo guionista y actor, especializado en la ironía) y el maravilloso Michael Nyqvist, quien alcanzara la fama internacional al interpretar a Mikael Blomkvist en la versión original cinematográfica de Millenium. A ellos se les suma Jeremy Renner -el nuevo héroe de acción-, Josh Holloway y Paula Patton.
Con este elenco, sólo hacia falta una historia que tuviera el balance perfecto entre acción, aventura, humor y tensión, lo cual logra de manera fascinante. No obstante los lugares comunes que incluye este tipo de historias, éstos son irrelevantes, ya que la trama está muy bien construida, con un par de subtramas que ayudan a atrapar al espectador y, para mi sorpresa, todas cierran de manera coherente hacia el final de la cinta.
Desconozco si la serie tendrá una nueva entrega. De ser así, confío en que la franquicia continúe en manos de Bad Robot, J.J. Abrams y todos los involucrados con esta cuarta parte, ya que no se siente como una continuación, sino como un nuevo y refrescante inicio que al parecer jamás pasará de moda. Quién sabe, quizá sea la competencia de la franquicia del 007 en un futuro no muy lejano.

















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